martes, 28 de agosto de 2012

Rojo este Cielo


Extraño tanto mar, raro este cielo

                                                                                                                         Javier Egea


Se abrió ante nosotros un nuevo mar,
triste y plateado con un roce de cariño,
que violentamente despedazó
cualquier esperanza que nos aislara
de esa calle tan amarga, hoy soledad.

Nos fijamos como en la pasada despedida
que se tejía raro este cielo,
asesino despiadado que ha teñido
nuestros años con una nota imborrable.

Ahora transcurren los días sin más
se sientan a mi lado pero no me entienden,
no saben lo que es la lejanía, y
no se creen mis historias,
les dije que siempre hubo una sonrisa tuya
conmigo hasta en las últimas diferencias.

Es en este momento,
cuando recuerdo esa isla, tuya y mía,
desconocida para todos,
donde el mar era nuestro aliado
y caminábamos por la fina sinceridad
de la arena,
aprecio hasta el último abrazo.

No hay que olvidar que la distancia
es una palabra innecesaria,
cuando podemos huir a otro mar,
extraño tanto mar, raro este cielo.




lunes, 30 de julio de 2012

Olvidados naranjos

Han venido los olvidados naranjos,
desarraigados de su patria querida,
a cobrarme los minutos ausentes
de su olor con el canto cercano del mar.

Y parezco un extraño que duerme
más allá de las fronteras nocturnas,
acordándome del último paseo
por la herida luna helada
que recorría esta desilusión
que está cansada ya de despedidas.

Pero no hay camino sin olvido.

Poco a poco la tarde va desnudando
las conchas que deshojaron su color
para recordar su melena en el viento
y romper la distancia abstracta
que inunda nuestros ojos enfermizos.

Huyamos del asesino diario,
busquemos el camino improbable
del reencuentro,
que afloren nuestros deseos
para conocer la tristeza del destino.


Ondeantes Banderas

                                         Para vosotros
Recuerdo mis ojos temerosos
deslizarse en despedida
sobre el pájaro de acero.

Era un peligroso juego de amistad
cuando comenzamos
a destrozar el tiempo
mediante unos simples nombres.

La historia decidió amanecer temprano,
tocando puerta a puerta
y ahora amistad a amistad,
llama para despedirse.

No ha sido un simple caminar
todas estas mañanas,
turbias y rezagadas,
eran historias que jugaban
en las esquinas y
que a veces cruzaban juntas
por los semáforos.

Y ahora que ha pasado el tiempo,
nos amenaza el delicado sabor
salino que contienen las llaves
que cerraran nuestros cuartos
y esta historia,
un río que se ahoga
con los kilómetros y los días.

Aunque hemos hecho nuestras
muchas miradas,
alguna sonrisa obligada y
ciertos besos con un límite inseguro,
también podemos decir
que Dublín es nuestra,
más allá de cualquier ondeante
bandera.


domingo, 15 de julio de 2012

Ni Siquiera


Hoy ni siquiera necesito que aparezcan
las alfombras y los espejos
pero Ángeles Mora sigue
escribiéndome los poemas en la lluvia.

Robándome un segundo antes
una generación antes
un espasmo de rebeldía antes
de que piense cada palabra
como una maleta
o como un beso en el portal.

Puede llegar a ser desesperante
cuando las manos agrietadas coinciden
cuando los nombres de un amor son los mismos
cuando hasta esquivar sus palabras
es otra forma de repetir los pasos de una madre.

Ni siquiera necesito abrir las páginas
releerlas
o estar
en las veces que no estuve
sólo me hace falta
salir a tender la prudencia
abriendo el portal
recogiendo el beso empolvado
y la maleta tibia
y huir de casa
sin mirar atrás.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Un día cualquiera


                             Para aquellos que estaban y no estaban                                                                 


He tenido que esperar al azote
sobre mi cama grisácea,
donde me bebo la soledad
y algunos recuerdos me devoran,
para saborear por fin una simple sonrisa.

Era uno de esos días en los que
se soplan velas y se piden deseos.

Me desperté sobresaltado
no veía más que oscuridad
algo que me cubría las manos
y se me había olvidado hablar.

Tuve que esperar al vibrar tenebroso
de los árboles y al sonido del agua
gritando mi nombre,
para que se me desataran las manos
coger un poco de tinta y
poder contarte que allí,
donde comencé a comprender la vida
mientras caminaba cegado por la
rebeldía del sol,
se rompió la quietud del cielo y
apareció esa melodía de los sueños
que nos acompañan desde el inicio
del camino.

miércoles, 23 de mayo de 2012

La Caja de Cerillas



Últimamente
me estoy poniendo serio con mis estudios
por eso voy a clase
y como es como si no estuviera
las lecciones de Geografía Humana
me están regalando muchos poemas.

Aquí sigo dormido en la caja de cerillas
pidiendo un poco de gasolina.
Desde la ventana no puedo ver demasiadas cosas
pero sí que recuerdo otras ventanas en pisos más altos
en un décimo apurando el trabajo de las pirámides
en un decimoprimero poniendo en la puerta
del despacho de nuestra profesora:
“Ahora vuelvo, que estoy chupándosela a mi jefe”
en un decimosegundo atrancando ascensores
con 25 personas para la capacidad de 18…
¡Eso sí son ventanas!
Y desde ahí sí que recuerdo,
como los niños -que escuchan lo que negamos-
que volar es fácil
y ver
en las inmaculadas fachadas de Caminos
el humo que asciende por la Historia
hasta 1936 de forma figurativa
y desde entonces, y hasta Dios sabrá cuando
un humo que se pega
como si fuesen cadáveres ahumados
o una humanidad que sigue ascendiendo por el cielo
al mismo ritmo que miro las cerillas
con la angustia de verse repetir las cosas.
el humo viejo nos deja una ciudad universitaria
gris de tanta materia
gris de tan pocos momentos
de esos que necesitamos.

Cuando las cosas estén verdaderamente feas
y dejemos la caja vacía de cerillas
y la calle sea la solución
aunque no se si definitiva
espero
y tampoco se si temo
espero
no acordarme
en ese momento
y en esa sangre
de este poema.

Apuntes y Cartas de Amor


Yo no te invento: estás.
ÁNGELES MORA


Estaba cogiendo mis apuntes de Filosofía Clásica:
La naturaleza de los seres es…

Yo te enseñé los cristales rotos
tú me recibiste con tu boca terrosa
nos aburrimos de tanta vejez
en nuestros nombres.

Estando entre los muros como el sordo
entre las manos como una marioneta
aquí te veo frente al vidrio
frente a las olas que escondimos
en la alfombra.

Aquí se pasan los minutos
aquí morimos y las agujas cuentan
aquí somos y aquí seremos en el mundo
sin crines, sin farolas, sin palabras
porque aquí
no estás.